Papers, Please, que tengo que pagar el alquiler

Hace unos meses que ya salió el último juego de Lucas Pope, el creador de una de las sorpresas indie del último lustro: Papers, Please. He de decir que The Return of the Obra Dinn, el nuevo juego del susodicho, todavía no lo he probado a fondo. La verdad es que se está llevando muy buenas críticas, así que tarde o temprano tendré que pasármelo a pesar de no atraerme nada su propuesta gráfica. El caso es que preferí volver a jugar al mencionado Papers, Please, del que tengo gratos recuerdos.

La propuesta de The Return of the Obra Dinn no deja indiferente a nadie.

A estas alturas no voy a descubrir al lector nada sobre Papers, Please. Sólo decir que es un juego bastante original en su propuesta (desde su apartado gráfico hasta sus mecánicas, pasando por su forma de narrativa), ya que somos un funcionario de inmigración de un país semejante a la antigua URSS. Tenemos que dar vía libre o no a quién entra en nuestro decadente país, con una capa de moralina bastante evidente ya que tenemos en nuestro poder elementos que pueden cambiar la historia. No en vano, hay múltiples finales que se basan en nuestras elecciones. Hasta aquí todo bien, si dejamos de lado cómo sabrán nuestros superiores si al que hemos dejado entrar no debería haberlo hecho (ya que penaliza).

Aparte de este fallo hay una incongruencia que me hace salirme totalmente del juego. Según Pope, la idea de Papers, Please se basa en sus idas y venidas de Japón (uno de los estados más capitalistas del mundo), a causa de que vive allí con su mujer japonesa. Tanto en el Reino Unido (de donde es Pope) como en Estados Unidos, hay controles bastante férreos para entrar en sus respectivos territorios. La URRS por supuesto, tampoco era sospechosa de tener libre circulación de personas. La burocracia y los controles no son, ni mucho menos, idílicos en dichos países.

Pero lo que más me chirría de Papers, Please es que el alquiler de un funcionario soviético sea tan alto. Según fuentes de la época, un ciudadano de la URSS y su diáspora era pagar por tu vivienda un 3% del sueldo base familiar (que igual era una habitación de un edificio en el que vivían varias familias en sus respectivos espacios, aunque a partir de la muerte de Stalin lo normal era vivir en pisos “normales” como en la actualidad), junto con los servicios comunales (electricidad, gas, calefacción, agua caliente y fría). Sí, no lo tenías en propiedad pero, prácticamente era “gratis” y tus descendientes lo podían heredar. En el juego de Pope vemos que el porcentaje es mucho mayor y es uno de los elementos de Papers, Please que hay que tener en cuenta para conseguir terminar el juego exitósamente.

Jrushchovka construida en los años 60.

Si bien es cierto que si una familia quería una nueva casa, la cuota que había que pagar de entrada equivalía al 30 por ciento de su costo. El Banco Nacional de la URSS concedía, a los que construían casas particulares, un crédito (con una tasa de interés del 0,5 por ciento anual) para amortizarse en un plazo de 10 a 20 años. Sin embargo, según dicen, cuando una familia recibía del Estado un apartamento nuevo, no pagaba nada de entrada. Pero vaya, en el juego de Pope un funcionario del estado debería pagar una cantidad simbólica para su vivienda.

Los números sobre el alquiler y la calefacción no se corresponden con el 3% del salario que pedían en la URSS

Según la agencia de noticias RIA Novosti (ya cerrada por Putin hace un lustro) en un artículo de un tal Aleksandr Andreïev que se puede leer aquí nos encontramos con bastante información del tema de la vivienda en los países soviéticos. Dichos datos se pueden coger con pinzas o no, ya que dar por válidos declaraciones procedentes de la Guerra Fría no debería ser muy fiable que digamos. La cuestión es que la vivienda era un derecho garantizado y no estabas endeudado como en la actualidad (y eso si puedes acceder alguna vez al parque inmobiliario).

En fin, revisionismos aparte, me parece que se dejó de lado el hablar de este elemento en su momento que, en mi caso, ha hecho que mire con otros ojos a uno de los títulos abanderados indie. Que sí, que la Unión Soviética no era un campo de rosas, pero justamente uno de sus logros, en Papers, Please, se convierte en uno de los mayores enemigos para el jugador.

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