Lo mejor de 2020

Videojuegos, música y cómics que he consumido en este aciago año

¿Qué os voy a decir que no sepáis ya? Ha sido un año malísimo. Y no solo en temas referentes al virus, también me ha sido horrible en el aspecto laboral y personal. Aún así para remediar un poco todos estos lastres, como tanta otra gente, me ha tocado virar hacia el ocio para evadirme “una poca” y así solucionar cuentas pendientes que tenía. También he descubierto varias cosillas interesantes que menciono en lo que seguramente sea la última entrada del año (si al final me atrevo con lo que tenía pensado anunciar).

En fin, vamos al lío.

Videojuegos

De videojuegos me he pasado casi una treintena, como recogí en este hilo de twitter. Entre otros, me he acabado las historias de siete entregas de Yakuza, me ha sorprendido (para bien) el remake de Final Fantasy VII y me ha encantado 13 Sentinels: Aegis Rim. También he jugado a clásicos pendientes como Chrono Trigger o Yoshi´s Island y descubierto frikadas como Ane-San. Y el año que viene más, ya que me he dejado unos cuantos must have de este año para el que viene, como Yakuza 7 (Like a Dragon) o Sakura Wars. Esperando como agua de mayo a Nier Replicant por cierto.

Aquí estarían mis cuatro destacados de los que he jugado este año:

Final Fantasy VII Remake (Square Enix)

No esperaba nada de esta cacareada entrega y me he tenido que comer mis palabras con patatas. Me lo acabé en nada (aunque fueron unas 30 horas, con casi todas las secundarias) y lo gocé como un gorrino. De hecho hasta me gustan los nuevos (y discutidos) añadidos argumentales y que se abran, quizá, nuevos what if argumentales. Por cierto, me he hecho bastante fan de Jessie.

13 Sentinels: Aegis Rim (Vanillaware/Atlus)

Juego del año para mí, y lo cierto es que no sé que maravillas destacar más aparte de lo que he dicho en redes y webs. Música sublime, diseño artístico, jugabilidad, argumento mindfucker…Lo dicho, obra de arte. Espero que en Vanillaware sigan un poco por este camino más contemporáneo después de haberse centrado tantos años en la fantasía medieval. Aunque hagan lo que hagan, les va a salir todo bien.

Yakuza 6 (Sega)

El último título que me he pasado este año. Después de la Tourmalet que me supuso ponerme a jugar en pleno 2020 a Yakuza 3, 4 y 5, esta sexta entrega es un soplo de aire fresco que necesitaba. Y no solo por esos graficazos que saca el Dragon Engine, más bien porque se vuelve a contar con Kiryu como protagonista para dejar (casi) de lado las “flipadas” y personajes de anteriores entregas volviendo así a una historia algo más íntima, como pasaba con la tercera entrega. Lo mejor de Yakuza 6, aparte de otras cosas que obvio, es que la búsqueda que se narra no solo es importante para Kiryu, también lo es para nosotros, porque el jugador ya se siente parte de la veterana saga.

Otra cosilla a destacar, y que me dejó flipando, son los guiños a Shenmue. Desde el sonido de “aceptar” hasta la misión de dar de comer a gatos callejeros, pasando por una Onomichi que parecen las calles de Yokosuka. Otra cosa que me ha gustado de esta entrega es que hay una necesidad de socializar con la gente que no se había visto en la saga hasta ese momento (y que también me parece un poco Shenmue). Con todo esto, es la entrega que más me ha gustado, por cierto. A destacar también el pedazo elenco de personajes secundarios del cine nipón.

Nier: Automata (Square Enix)

Uno de los juegos pendientes de la generación que por fin le pude meter la zarpa. Qué decir que no se haya dicho ya en realidad: la música genial (aunque para mi gusto depende mucho de la imagen visual para emocionar), la jugabilidad y esas transiciones en las que se combina el danmaku y el hack & slash está implementado de una manera maravillosa, el diseño artístico, varios temas muy interesantes que se tratan, entre tantas cosas. A destacar la parte final (la de verdad) que me pilló totalmente de imprevisto y me pareció sublime. Estoy esperando como agua de mayo el remake de la anterior entrega que sale en abril.

Lecturas

Este año también he leído unos cuantos cómics. En este apartado, eso sí, me he centrado en lecturas que tenía pendientes.

Nieve en los bolsillos — Joaquim Aubert “Kim” (Norma)

Nunca he sido muy fan de Kim. De hecho hace años en mi casa se solía comprar a menudo El Jueves y, cuando la ojeaba yo, las páginas de Martinez el Facha (el personaje más famoso del ilustrador) pocas veces me las leía. Sin embargo este año me he leído las tres novelas gráficas que le han encumbrado a ser uno de los dibujantes de referencia del país a sus ya setenta y pico años. Por supuesto, hablo de El arte de Volar, El Ala Rota (estas obras con guion de Jaime Altarriba) y la que voy a destacar: Nieve en los Bolsillos.

Destaco esta última porque quizá me he sentido bastante identificado, aunque la historia del joven Kim emigrando a Alemania no se parezca demasiado a la mía. Lo que me ha calado de su historia, más allá de las vivencias de los emigrantes españoles de los 60 que se narran, ha sido el que, por suerte o por desgracia, tenemos demasiadas raíces personales que al final nos hacen volver al lugar de donde somos. O dicho de otra forma, por mucho que pienses que vas a estar para siempre en un lugar con otras personas que, hasta ese momento, pensabas que lo eran todo para ti, resulta que esa sensación no es para siempre y todo puede acabar más pronto de lo que uno se cree.

La Casa — Paco Roca (Astiberri)

Otra historia costumbrista que versa sobre las historias y recuerdos de un anciano recientemente fallecido por parte de sus hijos (que ya tienen su vida hecha) mientras reforman el “maset” en el que tanto cariño puso su padre con la intención de venderla. Lo cierto es que a veces me he sentido acongojado (y supongo que más lectores) por las cosas que cuenta Roca en este volumen. Ya digo, La Casa es muy costumbrista y las situaciones que se nos muestran son totalmente normales, pero la mayoría son esas que duelen.

Reiraku — Inio Asano (Norma)

Posiblemente Reiraku es el cenit (por ahora) del estilo de dibujo de Asano. En este manga de un solo tomo se nos cuenta otra de esas historias crudas que parecen autobiográficas del mangaka. Razones para pensar en ello hay muchas, desde que el protagonista se parece demasiado a Asano hasta que el argumento no deja de recordar a Otto e Mezzo de Fellini al narrar lo que sería una mala racha de creatividad, llegando a poner en entredicho la utilidad del trabajo artístico (o la misma existencia) del protagonista-autor.

El almanaque de mi padre — Jiro Taniguchi (Planeta)

El trabajo que más me ha gustado del autor de “El Caminante”. Un chico de provincias que se fue a Tokio a estudiar, y donde hace vida ya familiar, recibe la noticia de la muerte de su padre que hacía décadas que apenas se veían. Por lo tanto, tiene que ir al funeral y reencontrarse con toda su familia y conocidos. De esta manera se nos muestra cómo han ido las vidas de estos, cómo fue la del padre y qué pensaba de nuestro protagonista. Realmente me ha recordado bastante a películas japonesas de mediados del siglo pasado.

Música

Este año sí que ha sido un poco malo en ese sentido, como escuchamos en el podcast reciente. Aún así puedo recomendar estos discos de este año 2020, pero espero que el año que viene la cosa me sea más interesante:

Echo – Chara+YUKI (Epic/Sony)

Dos conocidas y ya veteranas, como Chara y Yuki, volvieron a sacar un trabajo juntas después de dos décadas de aquel single llamado Ai no Himitsu Or3nge que llegó vender más que decentemente en las listas del Oricon. Aunque hacía tiempo que no las escuchaba, salvo a Chara y su discazo con la rescatada Yen Town Band hará unos cuatro años, tenia bastante curiosidad con este reencuentro. Y lo cierto es que este minialbum que sacaron a principios de este 2020 me ha resultado sorprendente y, como dije en BeatnikMag Radio, se nota que está hecho sin ninguna presión. Echando un vistazo rápido a blogs y foros que sigo veo que este Echo ha sido uno de los trabajos japoneses del año para muchos de ellos, lo cual me congratula bastante.

Ii ne! — Sunny Day Service (Rose Records)

Este grupo, que en un principio querían seguir la estela dejada por Flipper´s guitar a mediados de los 90, ha sufrido más de una reinvención a lo largo de sus más de 25 años de carrera. E Ii ne! no deja de ser otra de ellas después de la muerte del batería de la banda en 2018. A pesar de que sigue la estela sonora del último lustro, quizá este nuevo trabajo se desmarca un poco de anteriores trabajos al volver un poco a un sonido más rock, en detrimento de la electrónica (en incluso hip hop de discos como Popcorn Ballads). Una pena que Ame ga Furisoo, el más que interesante single de adelanto que puse en el último podcast, no esté en el disco.

Ne Minna Daisuki Dayo — Ging Nang Boyz (UK Project)

Creo recordar que llevaban sin sacar disco unos cuantos años y tampoco les he prestado mucha atención porque, si os soy sincero, nunca ha sido un grupo que me haya gustado mucho salvo sus portadas (a cargo de gente como Hisashi Eguchi) ya que su estilo era básicamente punk. Pero este Ne Minna Daisuki Dayo E realmente me ha sorprendido porque, aunque no dejan totalmente de lado el “ruido” en alguna que otra pista, el sonido principal e incluso las letras recuerdan a grupos como The Yellow Monkey y demás gente del jrock de los 90. Y eso, después de escuchar las tendencias “trabalenguísticas” que detesto de los grupos rock de ahora, mola.

Watashi wa Tsuki ni wa Ikanai darou — Odotte Bakari no Kuni (Fivelater)

Después de más de una década en la que apenas nadie conocía a este grupo de Kobe, Odotte bakari no kuni parece llevan una buena racha captando cierta atención en el panorama musical nipón con su estilo shoegazer/lo-fi. Una de las canciones que más me han gustado de este año es Crawl, que se incluye en este disco (y que pinché en el último podcast).

Y poco más. El año que viene, si no pasa nada antes, nos volveremos a encontrar por aquí.

¡Feliz año!

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