La pequeña guerra civil de la música de los 60 en Japón

Esta semana ha muerto uno de los Enfant Terrible de la farándula japonesa, Yuya Uchida, a los 79 años después de pasar la última década entre enfermedades y mermándose su salud a pasos agigantados. Políticamente incorrecto para los estrictos estándares japoneses, era más conocido por su peculiar personalidad, sus portadas cuando era músico (fue uno de los teloneros de los Beatles en su concierto del Budokan) y por actuar en películas como Feliz Navidad Mr. Lawrence (1983) de Nagisa Oshima o Black Rain (1989) de Ridley Scott. Pero tambien recordado en la sociedad japonesa por plantear un debate que, de haber ganado su postura, la música japonesa habría resultado muy diferente a lo que sido a lo largo del tiempo.

También se presentó como candidato a la alcaldía de Tokio quedando el quinto más votado de los 16 que se presentaban. El video no tiene desperdicio: cantando una cancion de Elvis, contando su vida en “engrish” y repitiendo el mismo verso una y otra vez, de unos de sus mayores éxitos (la canción “No more comics”, que se convirtió en una película aclamada por la crítica a mediados de los 80).

Fan del Elvis de la época, Yuya Uchida se queda “ojiplático” cuando en 1964 escucha a los Beatles en casa de un amigo. Según su autobiografía, el cantante se dio cuenta, después de escuchar una sola canción de los Fab Four, que todo el rock’n’roll se había vuelto obsoleto por los cuatro de Liverpool. A principios de 1966, la llegada de los Beatles a Japón inspiró a Uchida para escribir el single Welcome Beatles con la banda que tenía en el época, los Blue Jeans, con la esperanza conseguir éxito en las listas niponas.

La actuación de Welcome Beatles minutos antes de salir los de Liverpool al escenario del Budokan.

Gracias a eso, por lo menos, consiguió telonear al grupo británico con la mencionada canción de bienvenida (hay que recordar que los conciertos de los 60 eran como mini-festivales en los que había cuatro o cinco teloneros e incluso monólogos de humoristas). Con la beatlemania invadiendo a los jóvenes japoneses, Uchida descubrió en la época a un grupo de Kyoto que le permitiría conseguir aquel sonido tan característico: The Funnies. Uchida se había interesado por dicho grupo para que fueran su banda de apoyo, ya que a su cantante le iban a despedir. Sin embargo, cuando el cantante, Kenji ‘Julie’ Sawada (el único japonés, aparte de Yoko Ono, que ha sido portada de la revista Rolling Stone), se negó a ser expulsado, fue Uchida quien tuvo que irse del grupo sin apenas haber formado parte. Mientras que los Funnies consiguieron la ansiada fama como The Tigers, a Uchida se le resistía.

Portada de el número de la Rolling Stone en la que Kenji Sawada aparecía en portada.

“Estresado, agonizante y lleno de disgusto, fui a Europa” dice Uchida en su auto-biografía. A lo largo de 1967, vivió “como un hippie”, primero en Londres y luego en París pasando por Madrid, asistiendo a shows de Jimi Hendrix, The Who o Led Zeppelin, cuyo sonido le convenció de que era el único camino para que el rock japonés avanzara. Determinado a replicar su filosofía en su país natal, Uchida dejó París a principios de 1968 y se dirigió a su hogar, para crear un grupo llamado a expandir la psicodelia occidental: Yuya Uchida and the Flowers.

Primer disco de The Flowers.

A finales de la década de los 60 su postura se enfrentó con las del grupo que, a la postre, ha sido el mas influyente de la música japonesa: Happy End. La postura de Yuya versaba en que las letras de la música rock japonesa tenían que ser en inglés para llamar la atención a occidente. Sin embargo, en Happy End preferían cantar en japonés para insertar un toque propio y dar su propia visión del rock desde dicho país y no aceptar del todo la invasión cultural occidental que reinaba en aquellos años.

Portada de Kazemachi Roman de Happy End. Todos los componentes del grupo han influenciado en el devenir de la música japonesa.

Ni que decir que estos últimos ganaron la batalla. Miembros de Happy End como Haruomi Hosono han producido y/o formado parte justamente a grupos que han calado en critica en Occidente: Yellow Magic Orchestra Pizzicato Five. Eiichi Ohtaki marcó las pautas del City Pop tan famoso en la actualidad con su disco Long Vacation, vendiendo mas de un millón de copias en el año 81. Takashi Matsumoto ha escrito más de 2000 canciones para otros artistas y Shigeru Suzuki, aparte de hacer carrera en solitario y con otros grupos, ha contribuido en casi 600 canciones como músico de estudio.

Haruomi Hosono, después de la época de Yellow Magic Orchestra, comenzó a descubrir (y producir) grupos como Pizzicato Five.

Lo curioso es que las bandas que han seguido las pautas de Yuya Uchida nunca han conseguido llamar la atención de occidente. Literalmente, la crítica anglosajona nunca ha recibido con buenos ojos a los artistas foráneos que cantan en ingles debido a que ellos entienden que lo autóctono no se puede mejorar desde fuera (“nosotros ya somos buenos en lo nuestro, queremos ver en qué sois buenos vosotros”). No hace falta buscar ejemplos en el lejano oriente, por ejemplo, el Krautrock no vendería apenas en Alemania, pero la crítica extranjera siempre se ha mostrado muy receptiva a esta corriente. Y lo mismo pasa con Kraftwerk.

Yuya Uchida y Kirin Kiki. Otros tiempos.

En España pasa algo parecido, parece que Rosalía (gracias a revistas y webs de gran difusión, como Pitchfork) ha llamado mucho la atención fuera de España mientras que a Bunbury se le ha hecho caso omiso. En Francia, si dices que te gusta algo del estilo Benjamin Biolay o Serge Gainsbourg, te tachan de “pollavieja” mientras estos son los que se conocen internacionalmente. Sin embargo, cuando se murió Johnny Hallyday, en el país galo fue día de luto nacional, mientras que su música no ha transcendido mucho fuera de allí.

Cartel de la candidatura a la alcaldía de Tokio de 1991.

Lo curioso es que Yuya Uchida llamó tanto la atención al músico e historiador británico Julian Cope, que le dedicó un capítulo en su libro Japrocksampler. En dicho libro, inconscientemente, se pregunta que hubiese pasado si Happy End no hubiese ganado dicha guerra. Se podría decir que Yuya fue el líder espiritual de aquella rama del rock japonés que no pretendía más que crear covers de sus músicos favoritos, y de dar paso a una mayor inserción de la cultura americana en el archipiélago nipón. Sin embargo, lo que finalmente pasó es que la música japonesa contemporánea fue hacia una dirección diferente, añadiendo un toque de experimentación y por supuesto, en japonés.

Una de las últimas apariciones de Uchida, en un anuncio de marzo de 2018.


Kazemachi Roman se ha considerado como el disco mas influyente de la música japonesa en casi todas las listas de mejores discos de la historia de aquel país, junto con los grupos y cantantes que surgieron a partir de Happy End. Pero la visión de Yuya Uchida quedó relegado al ostracismo, quedándose en agua de borrajas. Aquel “loco” de pelo cano a lo Rafael Alberti, será recordado, aparte de haberse presentado como alcalde de Tokio, por haber sido esposo de la recientemente fallecida Kirin Kiki (aunque llevaran 40 años separados), sus problemas con la justicia (fue acusado por tenencia de marihuana y por acosar a una mujer hace un lustro) y por su intermitente y mediocre discografía que nunca caló en Japón…ni en occidente.