El mes de Game Boy: Pokémon Azul

Después de comentar la segunda aventura portátil de Mario la semana pasada, en esta ocasión le toca al tercer juego que tuve en propiedad para Game Boy. Ni más ni menos que Pokémon Azul.

Como ya dije en el anterior artículo, tuve bastante abandonada a la portátil de Nintendo. Era la época en la que también tenía una Mega Drive en sus últimos coletazos comerciales y más tarde llegaría una Playstation de la que ya contaré alguna anécdota en un futuro. Sin embargo, todo cambió cuando me compré de casualidad una Hobby Consolas. Era el número 97, “regalaban” un vídeo de Dragon Ball GT con dos capítulos y en la portada salía el capitán de mi equipo favorito. Sí, era Guardiola, cuando era “tontito” y no el gurú sabiondo de la actualidad.

Gran número: entrevista a Miyamoto, análisis de Soul Reaver, Sonic Adventure, The House of the Dead 2, Final Fantasy VIII, reseña de la recreativa de Dead or Alive 2…

Sinceramente, yo no era de comprar mucha prensa del videojuego, y no tengo ni idea de por qué tuve la decisión de comprar dicha revista que costaba 800 pesetas por venir con el mencionado VHS. Quizá por las pegatinas de Star Wars para ponerlos en las consolas del momento (sí, se lo puse a la Playstation de casa) o puede que fuera por la portada del FIFA 2000. Ni idea, pero ese número me descubrió muchísimas cosas de las que no me arrepiento.

¿Qué tenía de especial aquel número random que me compré? Aparte de mostrar nuevos datos para hypear al personal de Playstation 2 y “estallarme” la cabeza leyendo el análisis de Final Fantasy VIII (mi favorito de la saga), era el del lanzamiento de Dreamcast. A partir de ahí tuve que seguirle la pista, la quería a toda costa, pero no es el momento de hablar de esa maravilla de Sega (para eso tenéis mi serie de reportajes que hice hace unos meses y su resumen en Pacotes). Pero lo que cayó, y tampoco me quejo, era un juego que no tenía ni idea de que iba hasta que leí su pre-análisis en ese mismo número: el Pokémon. Por fin me regalaban un juego para mi polvorienta Game Boy desde… yo qué sé cuando.

Y claro, entre que el vídeo que venía con la Hobby Consolas incluía un pequeño publirreportaje sobre Pokémon (del que recuerdo a un Pikachu del anime con diferente voz, por cierto) y la serie de televisión que emitían ya en Telecinco por las tardes, las ansias por tener ese juego aumentaban. Finalmente, y por sorpresa me compraron el Pokémon Azul de lanzamiento a 6.000 pesetas. Sinceramente no lo esperaba, aunque yo dejaba caer que lo quería diciendo que la portada de Blastoise me parecía mejor, aparte que mi hermano sabía que quería esta edición.

Un grande.

De hecho, recuerdo bastante bien las primeras horas del juego: me cogí a Squirtle (cómo no), me envenenaron en el bosque verde, cosa que me hizo pensar que la consola estaba estropeada por el “tembleque” de la pantalla que indicaba que un Pokémon del equipo estaba envenenado. También recuerdo capturar a un Pikachu a la salida del mencionado bosque, algo que en posteriores partidas me ha costado horrores. Teniendo a un Pokémon de agua, acabar con Brock era fácil en el primer gimnasio… La verdad es que podría seguir hasta acabar el juego, porque como ya os podéis imaginar es uno de los juegos que más me marcó.

Era hora de llevarse al colegio mi vetusta Game Boy “ladrillo”.

Primeras decisiones que nos marcarán.

Curiosamente casi todos los chavales del patio que tenían una Game Boy tenían la Pocket o la Color, lo cual la mía llamaba la atención cosa mala. Pero estaba orgulloso, por fin, de utilizar mi portátil. Era la primera vez que la mayoría de usuarios de Game Boy utilizamos un cable Link para combatir y/o intercambiar Pokémon con gente de mi colegio, del que más tarde nos serviría para clonar criaturas gracias al famoso glicht. También, y como un hecho sin precedentes, dejábamos de jugar a fútbol en el patio para estar todos sentados en el suelo entre cables, cartuchos y portátiles de diferentes modelos. Qué tiempos.

Una pena que los combates del juego no fuesen así.

Parecerá una tontería, pero el juego me pareció gráficamente potente. Supongo que sería por unos diseños que en la actualidad se considerará pixel-art de los variados pokémon, el travelling a lo anime al empezar los combates y la pequeña secuencia de introducción que me dejó bastante impresionado. Después de tener sólo dos juegos anteriormente y uno era el Tetris, cualquier cosa me sorprendía. Y ya detalles como poder poner tu nombre al personaje e ir por un mundo bastante extenso con sus ciudades y todo, era algo bastante inusual que lo tuviese en una portátil monocroma como era Game Boy.

Giovanni, el mafioso antagonista de la primera generación.

Y manejando a un chaval de 10 años en solitario, que bien te podías llegar a sentir identificado, algo que en los juegos de la serie actuales no se capta de la misma manera. Ahora parece que estés dando un paseo donde todos los personajes son miembros de tu “chupipandi”. En las primeras generaciones de la saga, se nos daba a entender que nuestro viaje en Pokémon era la confirmación del paso de la niñez a la adolescencia, con nuestros miedos y peligros presentes, pero con la recompensa de saber que hemos salido reforzados por nuestra experiencia conseguida en nuestros viajes, sin olvidar el vínculo de unión entre tus pokémon y tú. Ahora no, de hecho, hasta los antagonistas son de los “buenos”, falta esa sensación de peligro y la emoción de estar ante una gran aventura se ha cambiado por algo más parecido a una excursión por el campo.

Hazte con todos, si puedes

El claim con el que se nos vendía el juego no dejada dudas, había que coleccionar a 151 criaturas con unos diseños salidos de los pinceles de Ken Sugimori que, en mi opinión, están muy alto si lo comparamos con los demás juegos de la serie. Sinceramente nunca los conseguí a todos, y más cuando había especies que eran exclusivas de ambas ediciones. Por lo que tengo entendido, tampoco es que la recompensa valiera la pena. Pero ahí estaba uno de los puntos fuertes de Pokémon, puedes pasarte la historia a secas, puedes fortalecer a tu equipo combatiendo o si lo prefieres captura y evoluciona a tus pokemon y completa la Pokédex para “fardar” en el barrio.

Los bulos

Isla Fallo, todo un clásico.

Cuando un juego era un fenómeno social en la época no era extraño que se difundieran “trucos” o “secretos” que no dejaban de ser mentira. Pasó con Street Fighter II para desbloquear a los cuatro últimos luchadores o lo de resucitar a Aeris en Final Fantasy VIIPokémon no iba a ser menos. En mi caso, recuerdo a un chaval que conocía en la época que se llegó a pasar el Alto Mando no sé cuántas veces seguidas para conseguir a Mew (que por supuesto no consiguió). Al igual que recuerdo buscar al mencionado Pokémon en el camión del puerto de Ciudad Carmín sin tener fortuna y el ya clásico Pokemon Missing No.

Este falso Pokemon era uno de los grandes objetivos.

Lo de conseguir a Mew y a esos tipos de Pokémon que ahora mismo me sería bastante difícil de capturar (ya que algunos evolucionaban mediante intercambio, como Gengar) lo pude hacer mediante la versión de 3DS. Los tiempos han cambiado y ahora tenemos a nuestra disposición numerosas guías y videos en los que se nos explica con más veracidad estos “bulos” que en su mayoría no dejaban de ser fallos de programación.

Sonido

La banda sonora de esta primera generación, a cargo del gran Junichi Masuda, nos marcó a la mayoría. Casi cada ciudad tenía su propia canción, las de las rutas nos daba la máxima sensación de aventura y acertadamente nos acompañaban otras composiciones en los combates, dando cierta tensión al momento. Mención aparte a la tenebrosa canción de Pueblo Lavanda. Gracias a lo que se habló de esta sintonía fúnebre, me enteré que Pokémon data del año 1996 (se decía que la sintonía se modifico levemente) y que las ediciones occidentales que nos llegaron son versiones mejoradas respecto a las japonesas.

Hace unos años sacaron las versiones de 3DS con una replica de las cajas. Como podemos ver en la imagen, las primeras ediciones japonesas son las que salieron primero. Azul y Amarillo se pusieron a la venta posteriormente.

De hecho, Pokémon Azul sería el equivalente a la tercera edición que cada generación (como Cristal, Diamante…), por lo que las primeras ediciones no eran Rojo y Azul, sino Rojo y Verde. Esta misma nomenclatura se volvió a utilizar en los remakes que salieron en Game Boy Advance, y del que debo recomendar para quien quiera iniciarse en la primera generación de Pokemon a falta de probar Let´s Go Pikachu/Eevee, del que tengo entendido que es una especie de reimaginación de los primeros juegos.

Vamos, que la primera generación siempre está presente.

Dudo mucho que “me haga” con esta versión…

La verdad es que a partir de ahí le saqué partido a la consola. Aún así, para mi próximo juego tuve que esperar aproximadamente un año, cuando me compré el Pokémon Trading Card y poco después el Pokemon Plata con mis ahorros. Todo estos los tuve que jugar en la versión monocroma (aunque acordándome mejor, en la época del Plata ya tenía la versión en color) ya que eran los llamados juegos de transición compatibles con Gameboy Color y los anteriores modelos.

El primer y único Pokemon Trading Card que nos llegó de Game Boy.

Al poco tiempo, en la época de la grandiosa Game Boy Advance, tuve todas las ediciones sacadas hasta el momento. Pero, salvo Pokémon Plata, ninguna edición posterior ha significado gran cosa para mí, a pesar que la añorada Nintendo Acción (en aquella época era más bien Pokemon Acción) me intentara cambiar de opinión intentando venderme cualquier cosa de la saga. Personalmente ya había hecho mi particular viaje de iniciación en Kanto.

El mes de Game Boy: Super Mario Land 2


Pues sí, Game Boy cumple treinta años con nosotros. Consola icónica, exitosa y la que para muchos fue la primera máquina que nos introdujo el el mundo de los videojuegos. En BeatnikMag vamos a tener durante todo este mes de abril pequeñas reseñas sobre algunos de los títulos a los que jugamos en su momento. En esta primera entrega nos encontramos, ni mas ni menos, que con el inolvidable Super Mario Land 2.

La verdad es que miro hacia atrás y me extraña que no me compraran una consola hasta que tuve 7 años, en el año 1995. El pack que me inició en el “mundillo” (y que me compró uno de mis hermanos) fue el de Game Boy con el Tetris y el Super Mario Land 2. Una consola que durante bastantes años dejé de lado y que utilizaban más frecuentemente mis hermanos y familiares que servidor.

Me ha resultado imposible encontrar una foto del “pack” que tuve. Era como la de esta imagen pero cambiando Super Mario Land por su secuela.

Un poco antes yo suspiraba por una Super Nintendo a veces, una Mega Drive otras tantas, pero esas consolas nunca llegaban, y lo que me regalaban (las típicas “maquinitas” LCD de Tiger o un reloj a modo de Game Boy con un minijuego llamado Super Mario Race) no me llenaba. Y menos cuando a las consolas de Nintendo y Sega ya las había probado, al igual que también solía jugar a recreativas. Vamos, yo quería una consola de verdad.

Esta “portátil” en cuestión era la que tenía de Tiger.

Pero tuve la suerte, como ya he dicho, de que me regalaran una Game Boy. La “tocha” (que más adelante me daría cierta vergüenza sacarla a la calle cuando mis amigos tenían ya sus flamantes Game Boy Pocket/Color, pero eso ya es otra historia) con dos de los juegos más famosos de la portátil: Tetris y Super Mario Land 2, el juego que vamos a comentar en esta entrada. La verdad es que no me acuerdo exactamente de la fecha en la que me la regalaron, pero viendo un número de Hobby Consolas de la época, más o menos me puedo hacer una idea de la fecha de adquisición: mediados de 1995.

Trece “talegos” era una cantidad bastante considerable en la época.

Sinceramente Tetris no me gustaba mucho y terminó siendo el más jugado por el resto de la familia aquellos años. Sin embargo Super Mario Land 2 era lo que siempre había deseado un juego “de verdad”, y encima portátil. Pero tengo que confesar que yo quería una Game Gear con el sintonizador de televisión y sus juegos con “colorines”. Pero bueno, no me iba a quejar del regalo.

En fin, pasemos al juego.

Super Mario Land 2


Esta segunda entrega de Game Boy, al contrario que su predecesor, se parecía bastante a Super Mario World, o más bien al mítico Super Mario Bros 3 de NES, con las limitaciones evidentes de la portátil de Nintendo. Así que podíamos elegir el nivel que quisiéramos jugar desde el mapamundi, visitar niveles ocultos, unos gráficos muy mejorados o la posibilidad de elegir nivel. Como ya he mencionado anteriormente, Super Mario Land era ligeramente diferente a sus entregas en las consolas de sobremesa (fases de shooter, ambientación egipcia, Moais…), al contrario que este Super Mario Land 2, que no dejaba de tener sus propias mecánicas.

Meterse en una burbuja, diferentes físicas de gravedad…
La variedad en Super Mario Land 2 era evidente.

Buscando un poco de información sobre esta segunda entrega portátil de las aventuras de Mario, aparecida en 1992, resulta que es la primera vez que sale uno de los mejores (y maltratados) personajes de Nintendo y que a la postre se convertiría en el protagonista de las siguientes entregas portátiles de la saga “Land”. Me refiero al amigo de la infancia de Mario: Wario.

El diseño de Wario se cambió posteriormente al que todos conocemos ya.

Y es que el argumento está relacionado con la primera parte: Wario ha conquistado Mario Land mientras el fontanero italiano estaba salvando Sarasaland en el primer juego. Así, el antagonista, ha creado un hechizo que hace que todos los seres vivos del lugar sean hostiles a Mario. Para romper el hechizo tenemos que conseguir las 6 monedas que permitirán hacer frente a Wario en el castillo de su doppelganger. Dichas monedas hay que conseguirlas después de superar seis diferentes mundos que representan a una temática diferente (espacio, naturaleza, industrial…) y la inclusión de jefes finales con mecánicas diferentes como las entregas de Super Nintendo, lo que hace que se nos haga una aventura muy variada.

Y larga, de hecho bastante más larga que su primera parte (o por lo menos, lo parecía), lo que hacia que se convirtiera en uno de los primeros (y pocos) títulos de GamevBoy que nos permitía guardar partida hasta ese momento.

El mapa no llega a la extensión de los juegos de sobremesa, pero era un paso adelante en comparación con su anterior parte.

Visualmente, para ser un juego de Game Boy, era de lo mejorcito de la época. Pero el sonido no se quedaba atrás. Al no encargarse el compositor canónico de la saga, la banda sonora se ha quedado un poco en el olvido, pero para quién haya jugado a esta entrega sabe que las canciones que escuchamos han calado muy hondo. El encargado de las composiciones de Super Mario Land 2 es ni mas ni menos que Kazumi Totaka, la voz de Yoshi o el compositor de la saga Animal Crossing, entre muchos otros títulos de la gran N.

Volviendo un poco a relatar mis experiencias debo confesar que nunca me lo llegué a pasar en la época. Pero más que nada porque me lo robaron, siendo esa es una de las razones por las que no tuve mas juegos de la portátil hasta años más tarde. Así que hasta 3DS no me lo he llegado a pasar y que celebré en su momento en Twitter en el año 2013. Una espinita menos.

Versión DX

A todo color.

Para sorpresa mía, hace poco mas de un año un fan español hizo una versión modificada de Super Mario Land 2 en la que añadía color y la posibilidad de jugar con Luigi con su característica de salto diferente al de su hermano. Una perfecta excusa para volver a la isla privada de Mario para ayudar a quitarse de en medio al usurpador Wario.

Gráficamente parece un juego totalmente diferente.

Tengo la percepción que esta entrega ha sido injustamente olvidada en el tiempo a pesar de ser uno de los seis juegos de Game Boy que superaron la barrera de los 10 millones de unidades vendidas por delante de pesos pesados como Pokemon Cristal, Donkey Kong Land o Kirby in Dreamland. Aunque claro que no puede competir en popularidad con sus entregas mayores, no me puedo quitar dicha sensación.

En mi caso, la imagen que tengo de este juego es con las cuatro tonalidades verdes de la antigua Game Boy.

En fin, después de perder mi copia de Super Mario Land 2, la consola estaría prácticamente en manos de familiares sin que yo le hiciera caso (salvo cuando me dejaron el Donkey Kong Land, el Kirby in Dreamland, el Street Fighter II del que tenía muy buen recuerdo hasta que lo probé hace poco y una de las entregas de Goemon) hasta que apareció el Pokemon Azul cuatro años después, a finales del 99. Era lo que había cuando no podías conseguir más juegos.

Pero a partir de aquella época, en la que faltaba poco para cambiar de milenio, mi Game Boy “tocha” con sus cuatro pilas vivió una segunda juventud gracias a los dichosos Pokemon y los juegos de cartucho negro que eran ya de Game Boy Color, pero compatibles con mi vetusto modelo.

La semana que viene, más.