BeatnikMag Radio #3: Music from Hibari-kun

80´s nipones a tutiplén

Me ha resultado muy difícil escoger únicamente una hora para esta recopilación, ya que en el manga en cuestión (del que ya hablé hace casi un año) se mencionan en torno a cuarenta artistas de diversa índole. He tenido que acotar bastante, como descartar a grupos occidentales (como Japan o Culture Club), trabajos que no eran de esos años (Lagoon de Shigeru Suzuki o varias canciones folk) y otros que, o no he encontrado o me parecen una castaña (lo siento, Taeko Onuki y Seiko Matsuda). Me he contenido en poner las mejores canciones de varios artistas, pero porque tengo pensado hacer algo posteriormente con varios de estos grupos/solistas. En fin, que no son todos los que son pero sí todos los que son.

He aquí el tracklist:

  1. 山下達郎 — Sparkle
  2. 松任谷由実 — 昔の彼に会うのなら
  3. NOBODY — シェイク·シェイク·シェイク
  4. Sandii & The Sunsetz — Living On The Front Line
  5. 一風堂 — ブラウン管の告白
  6. Moonriders — Mubobi Toshi
  7. Haruomi Hosono — Living-Dining-Kitchen
  8. Imokin Trio — High School Lullaby
  9. Yellow Magic Orchestra — Light in Darkness
  10. 高橋幸宏 — Curtains
  11. 中森明菜 — Cancel!
  12. RC Succession — Transistor Radio
  13. 竹内まりや — ラスト·トレイン
  14. 大空はるみ — はるみのムーンライトセレナーデ
  15. 坂本 龍一 & カクトウギ セッション — ニューロニアン·ネットワーク
  16. 大滝 詠一 — 雨のウェンズデイ

La semana que viene toca música de Yakuza (s) o del primo hermano mayor, ejem. Todavía no lo he decidido.

Lo mejor de 2019

Como ya dije hace un par de meses, este blog ha ido menguando su contenido hasta quedarse en una entrada al mes, más o menos. Como ya expliqué, la causa de ello el estar colaborado en sitios en los que recibo retribución monetaria, lo que hace que me falte tiempo y ganas de escribir aquí. Pero como dije, una entrada al mes fija, más algo de lo que me apetezca hablar referente a algún evento actual, me parece que cubre bastante la periodicidad de esta página.

En fin, que en todas las webs en las que estoy presente me han pedido que haga una breve reseña de los mejores productos culturales que me atañen. Con ese deber cumplido, BeatnikMag no iba a ser menos. Allá vamos.

Videojuegos

Este año a la consola que más he jugado creo que ha resultado ser la Super Famicom Classic Mini (sí, la japonesa). He descubierto juegos como Do Re Mi Fantasy: Milon Quest o Ghost Sweeper Mikami (este gracias al genial canal de Giru), he redescubierto joyas Earthbound y he vuelto a jugar a los típicos que todo el mundo conoce. Eso sí, me ha vuelto a pasar lo mismo de siempre con Chrono Trigger, que es dejarlo a medias hasta nueva orden.

También he vuelto a jugar a Gravity Rush (una pena que el Japan Studio no despunte en ventas, se merecen más reconocimiento) o a Yakuza 0 (menuda maravilla). Cuando quiero una partida rápida, aparte de la mini de Nintendo, suelo tirar de Saturn, Dreamcast o Xbox 360, esta última gracias a las rebajas que suelen hacer los juegos arcade de Sega. También he desempolvado mi Playstation por su vigésimoquinto aniversario, por lo que igual en navidades me pongo con algún título pendiente como Xenogears.

Ya hablando de juegos que han salido este año (bueno, uno es del 96, pero es jugable en inglés desde hace una semana) hay tres juegos que se merecen estar en este top:

  • Death Stranding — Kojima Productions

Hice un análisis para Akihabara Blues y lo recomendé como juego del año. La verdad es que tengo que decir que había tramos en los que me sentí decepcionado ante lo que veía. Pero no deja de ser un juego bien trabajado y bastante original en su propuesta, a pesar de estar algo descompensado y lejos de otras obras de Kojima. Aún así es, posiblemente, lo mejor (o por lo menos lo más importante) de lo que he jugado de este año.

  • Shenmue III — YS Net

A pesar del decepcionante último tercio del juego y detalles como la música reciclada y de continuidad narrativa (y otros muchos aspectos menos trabajados que en las dos primeras entregas), durante mucho rato estaba bastante extasiado por lo que estaba viendo. Una pena que esta tercera entrega consista casi siempre en trabajar/apostar para conseguir dinero, desbloquear el avance de la historia pagando con lo obtenido y vuelta a empezar. Aún así lo he disfrutado mucho, es largo, gráficamente mejor de lo que esperábamos todos y tiene sus momentos de lucidez. Pero tiene que mejorar bastante en una hipotética secuela. Por cierto, también lo analicé en Akihabara Blues.

  • Sakura Taisen — Sega/RED

Saturn lleva un tiempo que está recibiendo traducciones de juegos que no se dignaron a traer en su momento. Gracias a eso, el año pasado completé Policenauts, que se convirtió en un juego a la misma altura de Metal Gear Solid y me hizo escribir sobre ello. Este año que acaba nos han dejado a los todavía usuarios de la consola otro regalo en forma de traducción de la primera entrega de una de las sagas insignias de Sega: Sakura Taisen. Y debo decir que me está gustando mucho la mezcla de visual novel con ese toque harem de manga “noventero”, alternándose con batallas tácticas por turnos en el que manejamos a mechas en unos años 20 alternativos. Deseando estoy de que saquen la nueva entrega el año que viene en Playstation 4, como también deseo que se terminen estos proyectos de traducción para la 32 bits de Sega.

Música

Lo cierto es que este año he tirado bastante de discos anteriores a 2019. Así que recuerde Mellow Waves/Ripple Waves de Cornelius, 2 de Mac DeMarco, 3 de Sweets Robots Against the Machine (sí, muy originales sus títulos), 6 Feet Beneath the Moon de King Krule, , los tres discos de Shintaro Sakamoto (que se ha convertido en uno de mis referentes) o incluso Zona Temporalmente Autónoma de Los Planetas. También tengo que recordar la decepción que me ha supuesto el nuevo disco de Shiina Ringo más allá de su horrible portada. Salvo un par de singles, me ha parecido un trabajo algo flojo (aunque pienso así de la artista desde la época de Tokyo Jihen…)

Aún así, que hayan salido este año 2019, he disfrutado mucho de estos:

  • Hochono House — Haruomi Hosono

Lo he metido como disco del año en Canino. Una reimaginación de uno de los discos más influyentes de la música japonesa, adaptado a los géneros en los que Haruomi Hosono se ha enfrascado a lo largo de lo ya larga carrera. Poco más necesita para convertirse en uno de los trabajos del 2019.

  • So kakkoii 宇宙 — Kenji Ozawa

Sinceramente Kenji Ozawa nunca me ha terminado de gustar más allá de su época con Keigo Oyamada en Flipper´s Guitar, por lo que este primer trabajo después de trece años de su anterior disco lo había cogido con pocas ganas. Pero la verdad es que me ha dado una bofetada en la cara. Más allá de unos arreglos un poco “pencos” y la falta de voz de Ozawa, lo cierto es que me ha gustado mucho en el cómputo general. A los japoneses les ha gustado, viendo que ha sido número 2 en las listas de ventas en la semana de su salida. Una posición que ya les gustaría a los demás artistas relacionados con el Shibuya-kei acercarse.

  • Blue Harlem — Yogee New Waves

Uno de los últimos exponentes que les etiquetan como Shibuya-kei (y el City pop) como Never Young Beach y similares. Otro discazo con buenos singles con toques nostálgicos y…marítimos. No sé, a mí me recuerdan hasta cierto punto a Flipper´s Guitar gracias a cierto toque psicodélico (y también porque el cantante parece una mezcla entre Kenji Ozawa y Keigo Oyamada en el 90). Este mes de diciembre han sacado un EP muy bueno, por lo que en unos meses se espera otro disco que espero que tenga la calidad de Blue Harlem.

Lecturas

He leído más, pero creo que no está de más reseñar los que más me han gustado, aparte de Stop! Hibari-kun!! del que ya dediqué una entrada.

  • La cantina de medianoche — Yaro Abe

Un bar que sólo abre a medianoche en uno de tantos barrios rojos de Shinjuku es el lugar donde prostitutas, travestis, yakuzas y trasnochadores en general cuentan sus penas mientras se hinchan a comer de madrugada lo que el barman haya cocinado. En Netflix hay un par de temporadas de la serie de imagen real, pero la situaciones son menos explícitas que en el manga.

  • Helter Skelter — Kyoko Okazaki

La edición que ha sacado Ponent Mon este año lo he puesto en Canino como mejor lectura del 2019. Tiene ciertas referencias al Shibuya-kei (el manga originalmente se serializó en 1995), por lo que en ese aspecto ya me había ganado. Básicamente es la historia de una supermodelo (operadísima) que ve ya como su carrera va cuesta abajo, lo que hace que su vida personal se vea afectada (así como su estabilidad mental). Tengo pendiente la adaptación cinematográfica que se hizo hace unos años y que protagoniza la polémica Erika Sawajiri.

  • Nieve de primavera — Yukio Mishima

Tengo la tetralogía hace años (del que pertenece esta primera entrega) y hasta hace poco no me había animado a leerla. Esta primera parte, la verdad sea dicha, tiene demasiados elementos de folletín predecible. Pero aparte de esto y más allá de la elegante escritura de Mishima y la descripción del Japón de la era Taisho, la historia de un amor prohibido que pocas semanas antes no lo era me ha gustado más de lo que pensaba. A la espera de terminar Caballos Desbocados, su segunda (y se supone que superior) parte.

Y esto es todo (en 2019)

No creo que haya nueva entrada en lo que queda del año. Eso sí, el año que viene habrá más y mejor, tanto en el blog como en otros proyectos (de los que por ahora no puedo decir nada). ¡Felices fiestas, y nos leemos en Twitter!

Stop!! Hibari-kun! Años ochenta, quinceañeros y transgéneros

Una reseña del manga de Hisashi Eguchi

En un país que carga con el sambenito del machismo, la poca visibilidad de muchos colectivos o los temas de lolicon, creo que es justo resaltar cómo décadas atrás y mucho antes que otros países occidentales, en Japón ya se estaban sacando mangas y animes (y porque no decirlo, también cine y literatura) con una tématica LGTBI nunca vista en otros países de una manera tan explícita. Cualquiera que se haya adentrado en el mundo del manga conoce los casos de Sailor Moon (1991–1997), La Rosa de Versalles (1972), Revolutionary Girl Utena (1996–1998), Ranma 1/2 (1987–1996)o incluso Crayon Shin Chan (1990-act ) entre muchos otros. Series que incluían personajes de cualquier tipo de sexualidad, con diferente perspectiva y dirigido a prácticamente cualquier audiencia.

En este caso, y ahora que parece que estamos en fechas donde la comunidad gay hace sus proclamas con todo el sentido del mundo, me he subido al carro casi por casualidad debido a un manga ochentero que he leído: Stop!! Hibari-kun! (1981–1983). Es bastante curioso como llegué hasta esta serie. Estaba buscando listas de juegos para la primera Playstation hasta que me paré en esta imagen:

Renai Kouza Real Age es el nombre del juego. Para quien le interese.

En un principo pensé que la portada estaba hecha por el gran Masakatsu Katsura (del que, por cierto, tengo una foto con él cuando vino al Salón del Manga de Barcelona). Pero no, investigando un poco más, resulta que es de Hisashi Eguchi, un conocido ilustrador (y que casualmente seguía por Instagram), marido de la idol Mari Mizutani que le serviría de modelo a Eguchi para diseñar a la protagonista de Roujin Z (1991), una película anime con guion del gran Katsuhiro Otomo. Decir que no he probado el juego, ni creo que lo haga nunca porque es un Dating Sim, que lo único interesante es que está basado en diseños de Eguchi y centrado en decisiones en el que, si no sabes japonés, no puedes hacer nada. Pero por lo menos esto me sirvió para interesarme todavía más en la obra del ilustrador de Kyushu.

El autor

Un tipo con un trazo inconfundible. Si comparo al manga de los últimos lustros vemos como a las mujeres se les suele representar a menudo con formas bastante neumáticas. Sin embargo, creo que la razón por las que Eguchi las representa de una manera mas “equilibrada” es posiblemente porque no hace sus diseños pensando en la chica con la que se acostaría, si no con la que hubiese querido ser si hubiese nacido con ese sexo según estas declaraciones:

La chica ideal para mí es aquella que yo querría ser si yo hubiera nacido como chica, no es la chica con quien yo soñara salir, es la frustración de no haber nacido mujer lo que alimenta mis dibujos. Pero las mujeres son tan atractivas que nunca podré alcanzarlas. No hay nada que me guste dibujar más.

Portadas de discos, ilustraciones, diseño de ropa, exposiciones. Esos son algunos de los recientes trabajos de Hisashi Eguchi. Como ejemplo, vemos en la imagen a la protagonista de Stop!! Hibari-kun! en una colaboración con la marca de ropa G.F.G.S.

Más ilustrador que mangaka (de hecho su portfolio de mangas de puede contar con los dedos de una mano), debido a que terminó asqueado de tener que hacer semanalmente capítulos y esto es algo que se dice explícitamente durante el manga del que voy a hablar hoy. De hecho, no me consta que haya hecho una serie de gran duración nunca más. Posiblemente, debido a la cancelación de Stop!! Hibari-kun!, el que no haya hecho ninguna serie más se puede aclarar gracias a las declaraciones que dio en una entrevista de hace un par de años y que se puede ver con subtítulos aquí:

Estos días, casi todo mi trabajo son pedidos de ilustraciones, los editores saben que trabajar en un manga conmigo es problemático. Nadie parece querer animarse. Me gustaría seguir dibujando manga, quiero seguir dibujando mujeres hermosas, esta es la base, y lo que quiero igualmente o tal vez más es leer mi manga, pero no tengo tiempo para hacerlo. Me gustaría cambiar al manga otra vez.

Aunque esporádicamente ha hecho hecho algo a posteriori, como el mencionado diseño de personajes de Perfect Blue (1998), el juego de citas en 1999 o los diseños para Spriggan (1998) o Roujin Z (1991). Pero es su segunda serie, Stop!! Hibari-kun, la que al parecer ha quedado en el imaginario colectivo japonés debido a un tema que, porque no decirlo, trata con una cierta naturalidad sorprendente.

Sí, como habréis adivinado, la serie trata sobre cuestiones de género en una cabecera mítica y juvenil como es la Shonen Jump (compartía portadas con Arale, para hacernos una idea. Y, de hecho, en el anime de esta serie que está en youtube al completo la niña robot de Akira Toriyama hace un cameo). Todo esto a principios de la loca década de los 80 japonesa. Lo mejor de todo, es que no resulta ofensivo a día de hoy, a pesar de que sea un tema que está representado en esta ocasión en un manga de humor juvenil de hace casi cuarenta años. Los chistes podrían ser fáciles y dirigidos a la condición de la protagonista, pero no. De hecho, su humor aguanta muy bien el paso del tiempo.

Una de tantas portadas de la Shonen Jump en las que sale Hibari.

Cómo representar a una quinceañera trans japonesa

Durante el último año de carrera tuvimos una asignatura sobre género. Y justamente a mi grupo nos tocó investigar sobre la transexualidad y cuestiones relacionadas durante todo el semestre. Dejando de lado la representación de este colectivo en el cine internacional de la última década, tambien tocamos como era este caso en la España post-franquista. Por lo que vimos, hablando de nuestro país concretamente pero sin ser algo ajeno en otros países del entorno, en los 80 ser transgénero era algo grotesco, poco respetable y que en los medios de comunicación hasta ahora (y con reservas) siempre se ha mostrado con una alta estigmatización. Por eso me interesó leerme Stop!! Hibari-kun ¿Cómo podía haber un manga sobre una chica trans publicarse en una revista masculina para adolescentes (y preadolescentes)? (recordemos, Shonen Jump es donde se publicaba Dragon Ball, Slam Dunk, Death Note, Naruto o Mazinger Z, entre una lista interminable).

Y la verdad es que el argumento tampoco es que varíe mucho de la línea editorial de la época en la Shonen Jump. La historia trata sobre Kōsaku Sakamoto, un chaval que, por voluntad de su moribunda madre, le manda a Tokio a vivir con un conocido que resulta ser un jefe de la Yakuza, llamado Ibari Ōzora. Como buen Shonen romántico, resulta que en la casa viven también las cuatro hijas de Ōzora con personalidades muy diferentes, siendo un par de ellas un Target obvio para el protagonista. En un primer momento Kōsaku se “cuela” de una en particular, Hibari, de la que pronto sabrá que es trangénero.

La primera vez que los protagonistas se ven.

Desde un principio vemos la típica historia de triángulos amorosos entre chavales de instituto, con altas dosis de humor a lo slapstick y cierta crítica caricaturesca a la Yakuza. El único detalle “tradicional” que cambia respecto a sus coetáneos es que la co-protagonista, Hibari, ha nacido hombre. Sin embargo, el diseño de esta es de una chica guapa (las hermanas muchas veces están celosas de ella) y sin ningún rasgo de masculinidad que en muchas otras series se ha representado de otra manera. De hecho, todos los personajes masculinos (y alguna que otra chica) se enamoran de ella. Sí, Hibari es la chica popular de su instituto…y de los Yakuza solteros, lo que hará que la serie gire en torno, no sólo a la relación entre los dos personajes principales, también a que no salga a la luz la sexualidad genética de Hibari por las consecuencias que creen que podrían pasar.

Parte de la personalidad de Hibari es gracias a que no deja de ser hija de un Yakuza. Aquí la vemos siendo la chica que lanza los dados en una reunión ilegal de apuestas.

Si bien es cierto que puede chocar, sobretodo en los primeros capítulos, como el padre de la familia (que sin embargo es el típico personaje gruñón pero “majete” dentro de lo que cabe), no para de decirle a su hija que es un pervertido y que va a ser la ruina de la familia (hay que recordar que es el único varón “biológicamente” de su grupo yakuza y, por ende, la persona sucesora de la susodicha). Pero más adelante esta percepción ira variando. Como también irán evolucionando los sentimientos de Kōsaku hacia Hibari. De decirle degenerado a estar celoso de que esta esté tonteando con chicos en el instituto. Pero, al ser un interés recíproco, Hibari también hará de las suyas para que Kōsaku deje de pensar en otros intereses románticos.

La chica ideal

A Hibari se la muestra como una mujer con mucha personalidad, fuerte (no sólo porque no queda callada cuando su familia le dice algo teniendo siempre la última palabra, sino también por su fuerza física), independiente, que saca las mejores notas del instituto y se la “rifan” para que entre en los clubs culturales y deportivos debido a que sabe hacer de todo. Sin embargo Hibari, a pesar de “esconderse” con efectividad, hay veces que se nota que no está de acuerdo con el cuerpo que se le ha asignado. No se siente a gusto estando en los vestuarios femeninos con otras chicas debido a su condición biológica y tampoco le gusta no tener pechos.

Como ya he dicho, la actitud de Kōsaku hacia Hibari cambia lo suficiente a través del tiempo. De pasar a una actitud defensiva durante la primera mitad de la serie, a medida que avanza la historia va cambiando de posición. Eso sí, debido en parte a la cancelación anticipada de la serie, se notan cambios en su actitud, pero no llega a consumarse gran cosa. Y no solo cambia por la parte que le toca a Kōsaku, también lo hace prácticamente todo el entorno que sabe la condición de Hibari. Vamos, también su familia.

Extracto de una escena en la que Hibari maquilla a Kōsaku mientras este estaba durmiendo. Esta perversión de la que habla el chico cada vez se irá diluyendo inevitablemente en el circulo de Hibari. A resaltar la frase de Hibari diciendo que no tiene nada de pervertido que un hombre se maquille.

Una pena que, como ya he mencionado, Eguchi finalizara abruptamente la serie a los 53 capítulos. Según sus declaraciones, le parecía inhumano la condición de que un mangaka esté todas las semanas sacando capítulos sin parar y, de hecho, el último capítulo está sin acabar y de una manera muy ambigua, pero demostrando que Eguchi no creó a un personaje transgénero sin saber de lo que hablaba. De hecho se nota que algo sabía del tema debido a menciones de suplementos de hormonas y cosas de ese estilo. Y ojo, estamos hablando de una serie que abarcó el bienio 1981–1983.

Tanto la imagen de cabecera como la que ilustra este pie de foto pertenecen a la última reedición del manga lanzado en el año 2010. El diseño se ha actualizado, no sólo respecto al estilismo, si no también el trazo de Eguchi (como podemos darnos cuenta si lo comparamos con las portadas de la Shonen Jump que he puesto más arriba).

En la última reedición de Stop!! Hibari-kun! lanzado en el 2010, el mismo autor dice que igual se anima a seguir la historia de esta pareja. Pero ha pasado casi una década y, quitando unas cuantas ilustraciones de la protagonista, parece que no hay visos de nuevas historias. Pero, el que no esté terminado no debería de ser impedimento de leerlo. Aparte, la serie está aderezada con mucha cultura Pop ochentera que atrae (hay referencias a Culture Club, Ryuichi Sakamoto, Haruomi Hosono, Ippu-Do, Yumi Matsutoya, Andy Warhol entre otros) y también hay un claro sentido del estilismo gracias a la excusa de estar en un instituto en la que no se lleva uniforme, lo que le hace ser una de primeras series con “un alto sentido de la moda y cambió la moda en los manga shōnen de ser un símbolo a ser un accesorio” según esta fuente. También se dice que influyó mucho en la estética Jpop, pero a decir verdad, no sé hasta que punto.

El grupo punk japonés Ging Nang Boyz, en su primer disco (en la que todo el diseño está a cargo Eguchi) aparece en portada Hibari de una manera muy Roy Lichtenstein. No en vano, Eguchi tambien hace obras Pop-Art, siendo esta corriente una de sus mayores influencias.

Acabando ya, Eguchi logra contar la historia de una joven transgénero de una manera bastante particular y notable, haciendo que a día de hoy sea, por méritos propios, todo un logro el haber creado un manga en aquella época de esta temática de una manera muy amigable, y en convertirse en todo un icono para mucha gente, donde la cuestión del género es palpable, pero a su vez da la impresión que no desentonaría nada si se publicara en la actualidad.